El vino de pitarra no es solo una bebida; es un símbolo de cohesión social y resistencia rural en Extremadura. Un reciente estudio desarrollado por las universidades de Extremadura y Santiago de Compostela ha puesto el foco en esta tradición milenaria, reclamando su reconocimiento oficial como patrimonio cultural inmaterial. El trabajo, publicado en la revista RIVAR, advierte sobre el riesgo de desaparición de una práctica que define la identidad de los pueblos extremeños.
La tinaja como centro de la comunidad
Elaborado de forma artesanal en las tradicionales tinajas de barro o «pitarras», este vino se caracteriza por un proceso 100% manual y una transmisión de conocimientos que pasa de padres a hijos. Los investigadores destacan que, al no estar sujeto a regulaciones industriales, no existen dos vinos iguales: cada «pitarrero» aporta su toque personal, creando un mosaico de sabores únicos que representan a cada familia y comarca.
El desafío de la normativa moderna
A pesar de su valor histórico, el sector se enfrenta a importantes obstáculos:
- Trabas normativas: Las leyes de seguridad alimentaria actuales, diseñadas para la industria, dificultan la producción tradicional y el autoconsumo.
- Falta de apoyo institucional: Al ser un producto destinado principalmente al consumo local y familiar, a menudo queda fuera de las políticas de protección económica y patrimonial.
- Percepción de salud: Mientras que para muchos es el vino más «natural» y libre de químicos, algunos discursos oficiales lo ven con recelo por su elaboración fuera del control industrial.
Un patrimonio vivo en las bodegas familiares
Gracias al impulso de colectivos como la Asociación de Pitarreros Veratos (APIVE), que cuenta con más de 300 miembros, la tradición sigue latiendo a través de concursos, catas y encuentros generacionales. El estudio concluye que el ritual del «chato» en la bodega familiar es un patrimonio vivo que debe protegerse para evitar que el olvido y la burocracia acaben con uno de los legados más auténticos de la viticultura española.
