La identidad de este vino nace en dos parcelas históricas de viñedo viejo propiedad de la familia, situadas en laderas de suelos arcillo-calcáreos. La Finca Carralobos (1970), a 512 m de altitud, aporta la estructura y la base de variedades blancas —Viura y Malvasía Riojana—. La Finca Barón (1971), a 552 m de altitud, destaca por la presencia de la Calagraño en la parte alta, aportando la acidez y frescura necesarias para un vino de guarda.

Con Begoña Jon Cañas Rioja Alavesa, nos retrotraemos a los blancos históricos de esta denominación de origen antes de los años 70. En aquella época, cuando el número de bodegas en la zona era muy limitado, se buscaban blancos densos, sabrosos, con mucha anchura y una persistencia en boca que aspiraba a ser casi eterna. Con Begoña, nos adentramos en esos estilos donde buscamos el olor a viña, sin que la madera enmascare la pureza del fruto. Es un vino donde solo el paso del tiempo ennoblece el conjunto, y lo seguirá haciendo durante muchos años más.
Elaboración técnica: sin madera, todo estructura y tiempo
Lo que hace especial a Begoña Jon Cañas Rioja Alavesa es su respeto por la materia prima. Tras una doble selección de grano, el mosto se divide en depósitos de cemento de 600 litros —formas de diamante y ovoides—. El vino permanece un año sobre sus lías con bâtonnage periódico. Asimismo, tras este periodo, se trasiega a depósitos rectangulares de cemento de 1.200 litros para un segundo año de crianza sobre lías finas. Finalmente, el vino descansa un mínimo de dos años en botella antes de salir al mercado.
La cata
En vista, se presenta con un color amarillo brillante y limpio. En copa es evidente su alta densidad, con una lágrima abundante que anticipa su untuosidad. En nariz, es un vino perfumado e intenso: de inicio marcado por la mineralidad salina —piedra mojada—, evoluciona hacia notas de fruta de hueso —pera— y matices del entorno natural: hoja seca, flor marchita y toques anisados. Aparecen, además, sutiles recuerdos lácteos y mentolados que le dan una complejidad extraordinaria. En boca, la entrada es sedosa y envolvente, con una textura untuosa, casi grasa, que recubre el paladar. Es una boca compleja donde las notas melosas y los recuerdos de frutos secos se equilibran con una acidez vibrante. Por tanto, el final es largo, elegante y con un abanico floral y cítrico persistente.
Potencial de guarda: excelente. Un vino diseñado para crecer en botella durante la próxima década.
