Nunca conocí a mi abuelo Mariano. 365 días tuvieron la culpa. Falleció justo un año antes de que yo asomara la cabeza. Con todo ese mérito ya me gané a mi abuela.
“A éste le ha traído el abuelo.” Por eso, cada diecisiete de septiembre celebramos un nacimiento en vez de llorar una pérdida.
Me gustaría poder escribir un libro sobre mis cuatro abuelos y lo mucho que compartí con ellos. Nunca podré. Solo conocí a una y me supo a muy poco.

El legado familiar detrás del vino clarete tradicional
De mi abuelo te puedo contar pocas cosas. Ya te he dicho que no coincidimos en el espacio-tiempo. Me han contado cosas como que cuando nació su primer nieto se lo llevaba a la bodega “a echar un campano”. Aunque el nieto mayor no fuese más que un bebé. Pero tenía claro lo que quería inculcar en la familia. Y después de cinco hijas un nieto varón debía ser una bendición enológica en aquella época. Tampoco lo sabremos nunca.
Y, aunque no conociese a mi abuelo tenemos algo en común. Tenemos unos majuelos que llevamos a medias aunque siempre me toca mirar al cielo y agachar el lomo a mi. Él ya hizo más que suficiente consiguiendo que llegaran hasta mis manos a pesar de Guerras Civiles, éxodos rurales, incontables heladas y mucha más miseria castellana.
Y con esas viñas él hacía vino. Me lo imagino como la figura opuesta a lo que hoy llamamos un travelling winemaker. Todo esto mucho antes de que existieran las bodegas modernas y antes de que la palabra “polifenol” atravesara la linde de mi pueblo venida de vete tu a saber dónde. Más de lo mismo con la palabra “tipicidad”.
Volveremos con esa última palabra. Pero antes de seguir te quiero contar que solo conservo dos fotos de mi abuelo Mariano. Y en una de ellas sale sirviendo vino clarete de un jarro en lo que fue la primera fiesta de la vendimia de Ribera del Duero. Fiesta que se celebró en su pueblo, Baños de Valdearados a principios de los años 80.
Por 365 días no nos conocimos y ese es el más sólido recuerdo que guardo de mi abuelo. Un jarro lleno de clarete y un rostro tostado y arrugado por el sol.
Así que, ya que has llegado hasta aquí, te voy a pedir un favor. No me hable usted de tipicidad de una zona que lleva cuarenta años haciendo vino tinto. No me hable de madurez fenológica ni de embotellar un paisaje.
Mi abuelo no sería el hombre más leído de su generación. Pero bebía mucho vino y lo tenía clarete.
Mingarra
