El sector de la producción orgánica, incluyendo el vitivinícola, se encuentra ante un cambio normativo clave. El lunes, 26 de enero, los ministros de Agricultura de la UE han debatido en Bruselas una actualización del Reglamento 2018/848 para endurecer el control sobre el sello ecológico y garantizar que todos los productos, ya sean locales o importados, compitan bajo las mismas reglas de juego.
Garantizar la competencia justa y la transparencia
La reunión celebrada bajo la presidencia de Chipre ha puesto sobre la mesa la necesidad de simplificar trámites y asegurar la integridad del logotipo comunitario. Tras un dictamen del Tribunal de Justicia de la UE que cuestionaba el sistema de equivalencias con terceros países, Bruselas busca ahora evitar que productos importados con estándares inferiores puedan utilizar la prestigiosa «Eurohoja».
Para proteger a los productores europeos de una competencia desleal, la Comisión Europea ha propuesto posponer durante diez años el reconocimiento mutuo con once países terceros. Estos acuerdos, que inicialmente debían finalizar al cierre de 2026, se prorrogarán para asegurar que el comercio internacional de alimentos y bebidas ecológicas no sufra interrupciones mientras se armonizan las exigencias.
Ahorro administrativo y apoyo al pequeño productor
Uno de los puntos más destacados de la propuesta es la voluntad de facilitar la integración de los pequeños productores en grupos de operadores. Esta medida no solo busca fomentar el crecimiento del sector orgánico, sino que generaría un impacto económico directo muy relevante.
- Impacto económico: Se estima un ahorro administrativo de 47,8 millones de euros.
- Beneficiarios: Este ahorro repercutirá positivamente en productores, operadores y en las propias administraciones públicas.
- Claridad en el etiquetado: Se reforzará la regulación de términos protegidos como ‘ecológico’, ‘biológico’ y ‘orgánico’.
Refuerzo de la confianza del consumidor
El objetivo final de esta actualización normativa es blindar la confianza del consumidor final. Al asegurar que todos los productos que lucen el sello europeo cumplen estrictamente con las mismas condiciones, independientemente de su origen, la UE pretende fortalecer el mercado interno y consolidar la sostenibilidad como un valor real y no solo como una etiqueta.
