Ayer tuve el placer de organizar una mesa redonda fascinante, una de esas citas que te reconcilian con las raíces y te obligan a levantar la mirada para ver hacia dónde caminamos. Lo hicimos, además, en un escenario que para mí tiene un significado muy profundo y personal: el Portal de La Rioja en Briñas. Este espacio no es solo un negocio o un lugar físico; es un legado directo de mi padre, quien lo fundó hace ya 55 años con una vocación muy clara y hermosa: que sirviera como un territorio neutral, un punto de encuentro abierto donde «todas las Riojas» y sus bodegas pudieran sentarse a la misma mesa, dialogar sin barreras y sentirse plenamente en casa.
Supone un auténtico privilegio juntar a Salvador Velilla, historiador, profesor, gran conocedor de la historia más profunda del Rioja, con Javier Pascual, alma y espíritu desde hace más de 40 años de La Prensa del Rioja, ese notario imprescindible de la época más importante de la DOCa, y gran conocedor de la «sala de máquinas» de esta región.

El relato histórico: nuestro patrimonio estratégico más valioso
Esta jornada me hace reflexionar sobre lo que he observado durante décadas viviendo y respirando el día a día de esta comarca. He llegado a una convicción que defiendo con total firmeza: el desarrollo, la supervivencia y el éxito de nuestra región no se entienden, bajo ningún concepto, sin una apuesta radical e innegociable por la calidad. Nuestro verdadero destino, nuestro único camino viable, es y será siempre la excelencia.
Sin embargo, la excelencia no es un concepto abstracto que se improvisa de la noche a la mañana, ni se consigue únicamente aplicando tecnología punta en la bodega. La excelencia de nuestra Denominación de Origen Calificada se asienta sobre los pilares de un relato histórico único que, por desgracia, a menudo olvidamos reivindicar con el orgullo y la fuerza que merece. En el mercado global de hoy en día, que un vino sea técnicamente extraordinario, limpio y agradable en boca es el mínimo exigible para poder competir; la calidad ya se da por supuesta. Lo que verdaderamente nos diferencia, lo que emociona al consumidor, lo que aporta valor añadido y lo que nos permite defender nuestro producto en cualquier rincón del mundo es la historia que respira detrás de cada botella: el saber hacer de los pueblos, el esfuerzo acumulado de las familias y los siglos de tradición cultural que se esconden en cada trago. Ese relato histórico no es adorno, es nuestro patrimonio estratégico más valioso.
Salvador Velilla: mil años de vino en la tierra de Rioja
Para desenterrar y analizar estos cimientos, el historiador Salvador Velilla nos guió en un viaje en el tiempo para recordarnos que la cultura vitivinícola en nuestra tierra tiene unas raíces milenarias que configuran nuestra identidad. El bueno de Salva nos puso sobre la mesa datos arqueológicos y documentales incontestables: desde manuscritos del año 934 que ya atestiguan cómo zonas de la Sonsierra o el término de Tabuérniga pagaban sus tributos en forma de vino al mismísimo monasterio de San Millán de la Cogolla, hasta el control e impulso que ejercieron monasterios como el de Santa María de Herrera. Nos habló detalladamente de ese tesoro patrimonial que son los más de 200 lagares excavados en roca que salpican nuestra geografía desde las Conchas de Haro hasta Viana, un testimonio físico imborrable de la magnitud de lo que fuimos y de cómo el vino marcaba el ritmo de la vida cotidiana hace siglos.
Velilla rememoró también los titánicos esfuerzos logísticos de la época, como la apertura de la ruta comercial a través del puerto de Villafría para salvar las dificultades orográficas y permitir que las caballerías y los carros transportaran de forma masiva nuestro vino hacia el floreciente mercado de Bilbao. Como anécdota ilustrativa de ese prestigio, nos descubrió cómo en localidades vascas como Orduña, a finales del siglo XVI, el vino de Rioja estaba tan cotizado y se le reconocían tales propiedades curativas que se reservaba casi en exclusiva para ser prescrito por los médicos a los enfermos de la villa. Tampoco olvidó un hito transformador: el salto a la modernidad técnica a finales del siglo XVIII, cuando el clérigo ilustrado Manuel Quintano introdujo en Labastida el «estilo Burdeos» —la crianza en barrica de roble—, permitiendo que el vino no se estropease en los largos viajes y abriendo de par en par las puertas de la exportación hacia las Américas.
Javier Pascual y el mapa genético de la DOCa: la alianza vasco-riojana en las etiquetas
Por otro lado, la intervención de Javier Pascual aportó una visión sociográfica magistral. Javier ha realizado un trabajo enciclopédico analizando una colección de unas 3.500 etiquetas históricas de Rioja de los últimos ciento y pico años, y demostró ante el público que esos pequeños trozos de papel impreso son, en realidad, el verdadero mapa genético y el acta de nacimiento de nuestra marca global.
A través de esa radiografía gráfica, Javier y yo quisimos profundizar en un factor que considero crucial y que merece un relato mucho más amplio por el impacto definitivo que tuvo en nuestra fisonomía: la inmensa trascendencia de la inversión y el capital vasco en el nacimiento y consolidación de la Rioja moderna. Las etiquetas de finales del siglo XIX y principios del XX no mienten; reflejan con una nitidez absoluta que el salto de una viticultura de subsistencia o de granel hacia una industria sofisticada, embotelladora y con vocación internacional se logró gracias a una alianza indisoluble y perfecta. Por una parte, estaba el viticultor y el elaborador local riojano, que aportaba la tierra, el sudor, el mimo a la viña y el conocimiento empírico de sus suelos. Por la otra, emergió la figura del inversor foráneo, fundamentalmente procedente de la pujante burguesía industrial y comercial del País Vasco.
Este capital vasco no llegó meramente como un actor financiero pasivo, sino como un elemento sumamente dinámico, estructurado y dotado de una mentalidad empresarial cosmopolita de la que el sector carecía en ese momento. Fue este empuje el que financió la construcción de las grandes bodegas del Barrio de la Estación de Haro y de otros puntos neurálgicos, introduciendo economías de escala y una visión comercial expansiva. Las etiquetas históricas muestran el florecimiento de potentes sociedades mercantiles que revolucionaron el mercado, con nombres tan explícitos y contundentes como «Bodegas Bilbaínas» o «Bodegas Vasco-Riojanas». Javier explicaba cómo en el diseño de los etiquetados de la época era una práctica habitual, estratégica y definitoria que figurasen en letra bien visible la sede social, fiscal y comercial de la empresa en Bilbao —donde se movían los hilos de los negocios, la banca y el comercio marítimo—, mientras que se especificaban los «Almacenes en Haro» o las bodegas periféricas como el centro técnico de elaboración y crianza. Esta inyección masiva de músculo financiero vasco, unida a sus redes de distribución internacionales y a su ambición exportadora, fue el catalizador definitivo que ordenó el sector bajo parámetros modernos y nos encumbró como la denominación de origen líder indiscutible en España. Es el ejemplo histórico perfecto de cómo la unión económica y humana entre pueblos y territorios hermanos nos catapultó hacia las más altas cotas de mercado.
La clausura institucional: unidad, cultura y el papel de la mujer
Esa misma filosofía de cooperación territorial, que históricamente ha funcionado como un escudo indestructible frente a las diez, quince o muchas más crisis profundas que nuestra región ha padecido y superado a lo largo de los siglos, fue el hilo conductor que unió el pasado con el presente durante la clausura institucional de la jornada. Tuvimos la inmensa fortuna de contar con las reflexiones de los representantes políticos actuales, quienes recogieron el guante de lo debatido en la mesa y lo aterrizaron de forma magnífica en la realidad que afronta el sector en este preciso instante.

Al concluir el debate, tomó la palabra Noemí Manzanos, consejera de Agricultura del Gobierno de La Rioja, quien nos brindó un análisis necesario sobre la coyuntura actual. Con la mirada puesta en las dificultades que atraviesa el sector vitivinícola en estos momentos, Noemí fue categórica al afirmar que para salir de las crisis el único camino transitable es la unidad: debemos avanzar en conjunto, sumando esfuerzos y dejando de lado cualquier tentación de división. En este sentido, aplaudió y puso en valor el escenario actual, destacando que las tres administraciones autonómicas que comparten el territorio de la denominación —el País Vasco, Navarra y la propia Rioja— están remando juntas de forma histórica, compartiendo una misma visión y apostando firmemente por la misma línea de trabajo estratégico para blindar el futuro de nuestras bodegas.
Intervino Raúl Pérez Iratxeta, viceconsejero de Agricultura del Gobierno Vasco, quien aportó un nuevo planteamiento. Raúl recogió el testigo del denso recorrido histórico que habíamos expuesto y señaló que, precisamente tras constatar el formidable peso que la tradición, los lagares medievales, los pioneros y las etiquetas centenarias tienen en nuestro ADN, la clave fundamental para seguir persiguiendo la excelencia del Rioja pasa obligatoriamente por un cambio de paradigma institucional: involucrar de manera directa a la Cultura. El viceconsejero nos recordó una verdad: estamos en una época en la que la excelente calidad del vino dentro de la botella se da por descontada y ya no es un factor diferenciador suficiente por sí solo. Lo que hoy en día marca la diferencia, seduce a los nuevos mercados y aporta el verdadero valor es el relato. Por lo tanto, tratar e integrar la vertiente histórica, antropológica y cultural como una parte troncal del mensaje del vino no es un capricho nostálgico, sino una necesidad comercial y un deber de justicia con nuestra propia identidad.
Como no podía ser de otra manera, en varios momentos de la charla salió a relucir la importancia de la mujer en la historia de nuestros vinos. Un relato oculto, que ahora empieza a salir a la luz gracias a las investigaciones recientes que ponen en su lugar el papel de la mujer en el desarrollo de la región.
La jornada de ayer nos demostró que para trazar el camino del mañana no hay que inventar fórmulas mágicas: basta con mirar atrás, recordar que la unión y la inversión con visión de futuro nos hicieron grandes, y entender que nuestro vino es, por encima de todo, cultura, historia y territorio compartidos.

José Ignacio Junguitu
Junguitu ¿Hablamos de Vino?
Briñas (La Rioja), 10 de junio de 2026
Artículos relacionados en Junguitu
