La AOC Bordeaux ha aprobado formalmente el nacimiento de un nuevo estilo oficial: el «Bordeaux Claret». No se trata de una invención moderna, sino del regreso del estilo original que dio fama mundial a la región en el siglo XII, cuando sus vinos ligeros y claros conquistaron el paladar británico.

Un giro estratégico frente al calor y la crisis
Durante las últimas décadas, el mercado se acostumbró a tintos de Burdeos potentes, oscuros y con alta graduación alcohólica (alcanzando a menudo los 15%), fruto de veranos cada vez más calurosos y una búsqueda del extracto. Sin embargo, el cambio climático y un consumidor joven que huye de los vinos «pesados» han provocado una crisis sin precedentes, con la deforestación de más de 10.000 hectáreas en la región.
El nuevo Bordeaux Claret (que llegará al mercado con la cosecha 2025) busca precisamente lo contrario: vinos con menos color, menos tanino y menor graduación. Vinos diseñados para consumirse jóvenes y, lo más revolucionario, ligeramente refrigerados (entre 8 y 12°C).
La conexión con el «Clarete» de nuestra tierra
Como bien apunta José Ignacio Junguitu, este movimiento de Burdeos resuena con fuerza en España. El término «Claret» o «Clarete» es parte de nuestro ADN vitivinícola.
«A finales del siglo XIX y principios del XX, a los vinos finos de Rioja se les llamaba ‘Claret’ precisamente por esa similitud con las elaboraciones de Burdeos que ahora se intentan recuperar», señala Junguitu.
Mientras en Francia resurge como categoría oficial, en zonas como Rioja o Cigales, el clarete ha mantenido su vigencia como un vino elaborado mezclando uvas blancas y tintas, ofreciendo esa frescura y ligereza que hoy, un siglo después, el mercado global vuelve a demandar como tabla de salvación ante el calentamiento global.
