Nueva Zelanda, referente mundial en innovación vitivinícola, está viviendo una transformación silenciosa pero profunda. Cada vez más bodegas están dejando atrás los modelos tradicionales de sostenibilidad para abrazar la viticultura regenerativa. Este enfoque no se conforma con mantener el entorno, sino que busca mejorarlo activamente, transformando el viñedo en un ecosistema vivo capaz de enfrentarse con éxito a los desafíos del cambio climático.
Suelos vivos: El corazón de la nueva viticultura
A diferencia de otros modelos, la viticultura regenerativa pone el foco principal en la salud del suelo. Prácticas como el uso de cultivos de cobertura multiespecie, la reducción drástica del laboreo y la integración estratégica de ganado (ovejas y vacuno) están permitiendo crear suelos autosuficientes. Bodegas como Te Whare Ra han demostrado el impacto real de estas técnicas, logrando aumentar la materia orgánica del suelo del 2% al 7%, lo que mejora drásticamente la retención hídrica y la resistencia ante sequías extremas.
Esta flexibilidad técnica, favorecida por la ausencia actual de una certificación oficial en el país, ha permitido que productores como Brenton O’Reilly en Te Mata o Robert Holdaway en Lowlands Wines adapten los principios regenerativos a las necesidades específicas de sus parcelas. La inversión inicial en maquinaria específica se ve compensada, según los viticultores, por una reducción significativa en la necesidad de insumos externos y tratamientos fitosanitarios.
El debate sobre la certificación y el acceso a mercados
Aunque la flexibilidad es valorada por muchos, expertos como el Dr. Ed Massey, de New Zealand Winegrowers, señalan que la certificación podría ser clave para el acceso futuro a mercados internacionales exigentes. Actualmente, el programa Sustainable Winegrowing New Zealand (SWNZ) se encuentra revisando sus pilares para integrar principios regenerativos, buscando un equilibrio entre la libertad de acción del productor y la necesidad de estándares claros que eviten el uso poco riguroso del término.
Casos de éxito: Ciencia y naturaleza de la mano
La aplicación de estos principios no es solo empírica, sino que cuenta con un fuerte respaldo científico.
- Lowlands Wines: Han transformado el viñedo en un ecosistema funcional utilizando praderas perennes y la rotación de 1.500 ovejas merinas para controlar la fertilidad.
- AONZ: Utilizan pruebas curiosas como enterrar ropa interior de algodón para demostrar la actividad biológica del suelo; si la tela se descompone rápidamente, es señal de un suelo vivo y sano.
- Greystone Wines: Han eliminado insecticidas sistémicos y herbicidas, gestionando el dosel vegetal para un control natural de enfermedades.
Esta tendencia responde a una búsqueda global de vinos con mayor sentido del lugar, producidos de forma que fortalezcan la biodiversidad y aseguren la viabilidad del sector para las próximas generaciones.
