La firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y la India marcó un antes y un después para el sector vitivinícola español. Tras 18 años de complejas negociaciones, este pacto abrió las puertas de un mercado de más de 1.400 millones de consumidores, eliminando barreras que durante décadas limitaron la competitividad de nuestras bodegas en el gigante asiático.
Adiós al arancel del 150%: Un nuevo escenario competitivo
Hasta la firma de este acuerdo, el vino español se enfrentaba a un gravamen del 150%, lo que convertía a la India en un mercado casi inalcanzable para muchos productores. Con la nueva normativa, los aranceles se redujeron drásticamente: un 20% para la gama premium y un 30% para la gama media.
Este ahorro, estimado en miles de millones de euros anuales para el conjunto de las empresas españolas, permitió que el sector vitivinícola empezara a competir en igualdad de condiciones con potencias como Australia, que ya disfrutaba de ventajas por acuerdos bilaterales previos. Según datos de la OIVE, hasta noviembre de 2025, España ocupaba el noveno puesto como proveedor en valor, una cifra modesta que este pacto prometió transformar.
Evolución y potencial de crecimiento
Aunque las cifras históricas de España en la India fueron discretas, la tendencia ya mostraba un crecimiento antes del acuerdo. En el año 2000, la cuota española apenas era del 0,2% en valor; sin embargo, para finales de 2025 ya había alcanzado el 1,9% del valor y el 3,4% del volumen total importado por la India.
El mercado indio demostró un dinamismo envidiable, con un aumento de las importaciones del 26% en volumen en el último año móvil analizado. La población joven del país y una clase media en constante expansión se identificaron como los motores que impulsarán la demanda de vinos de calidad en los próximos años.
Más allá de los impuestos: Logística y promoción
El pacto no solo se limitó a la reducción de tasas. También contempló medidas para simplificar los trámites aduaneros y mejorar las condiciones logísticas, eliminando los «cuellos de botella» que históricamente dificultaban la entrada del producto europeo.
Las bodegas españolas comenzaron entonces a diseñar estrategias específicas, incluyendo campañas de promoción directa y el establecimiento de alianzas con distribuidores locales para consolidar la marca «España» en un mercado donde Francia e Italia habían cedido terreno frente al empuje de los vinos del nuevo mundo.
