El comercio mundial vino 2025 cerró el año con menos valor y menos volumen. Según los datos de aduanas analizados por la Interprofesional del Vino de España (OIVE), las importaciones mundiales cayeron un 4,9% en volumen y un 6,4% en valor respecto a 2024. En términos absolutos, el sector perdió 488 millones de litros y 2.304 millones de euros en un solo ejercicio. El precio medio bajó hasta los 3,59 euros por litro, seis céntimos menos que el año anterior. Un dato que, además, no es puntual: refleja una tendencia que acumula ya varios años de presión.

El vino envasado fue la categoría con mayor peso en el comercio internacional y también la que más retrocedió. Cerró 2025 con 22.263 millones de euros y 4.793 millones de litros, tras caer un 7,6% en valor y un 5,5% en volumen. En términos absolutos, perdió 1.819 millones de euros frente a 2024. Asimismo, el vino espumoso bajó un 4,1% en valor y un 1,9% en volumen. Los vinos a granel y el Bag-in-box siguieron la misma línea negativa. Por tanto, la caída fue transversal: ninguna categoría quedó al margen, salvo el mosto, que subió un 0,3% en valor aunque desplomó su volumen un 22,6%.
Los grandes mercados, también a la baja
Estados Unidos mantuvo la primera posición mundial en valor con 5.542 millones de euros, pero sus compras cayeron un 11,6% respecto a 2024. Reino Unido, segundo mercado en valor, perdió 309 millones de euros y 76 millones de litros en el año. Sin embargo, no todo fue negativo: Suecia aumentó sus importaciones en valor y en volumen, con subidas del 5,4% y el 7,4% respectivamente. Alemania también creció un 5,2% en valor. En definitiva, un mercado global en contracción con excepciones puntuales que merecen atención.
Lo que estos datos significan para el sector
Los datos del comercio mundial vino 2025 no son una sorpresa para quienes siguen el sector de cerca. El consumo en los principales mercados lleva años comprimido por cambios demográficos, tendencias de salud y la competencia de otras bebidas. Además, la bajada del precio medio por litro indica que el volumen perdido no se compensa con mayor valor unitario: el sector pierde por los dos lados. Por ello, la apuesta por la diferenciación y la calidad ya no es una estrategia deseable; es una necesidad estructural.
