Un análisis profundo publicado por la Cambridge University Press explora la esencia del vino natural como una respuesta ética y cultural frente a la industrialización del sector vitivinícola.
Una guía de campo para la autenticidad
La prestigiosa revista Journal of Wine Economics, de la Universidad de Cambridge, ha dedicado un espacio relevante a analizar la obra de Aaron Ayscough, «The World of Natural Wine». Lo que este estudio resalta no es solo una descripción técnica de la elaboración sin aditivos, sino un manifiesto sobre una comunidad internacional que busca recuperar la pureza del vino.
Para Ayscough, el vino natural es aquel que «no tiene nada que ocultar», nacido de un compromiso total con la viticultura orgánica y una mínima intervención en bodega.
Aprender a catar, desaprender lo convencional
Uno de los puntos más interesantes resaltados por la reseña es el proceso de aprendizaje que requiere el consumidor. Para disfrutar plenamente del vino natural, los expertos sugieren:
- Aceptar la imperfección: Entender que la turbidez o ligeras oxidaciones no son fallos, sino signos de un vino «vivo».
- Desaprender expectativas: Romper con los estándares de los vinos industriales para apreciar perfiles aromáticos más vibrantes y cambiantes.
- Respeto por el tiempo: Apreciar cómo el vino evoluciona en la copa, mostrando una energía que los métodos convencionales suelen mitigar.
Más que una bebida: Una lente social
El trabajo académico de la Universidad de Cambridge subraya que el vino natural funciona como una «contracultura». Es una herramienta para examinar los costes sociales y ambientales del progreso tecnológico. El movimiento no solo busca un producto más saludable para el consumidor, sino también:
- Sostenibilidad real: Un beneficio económico a largo plazo mediante el cuidado del suelo.
- Conexión humana: La revalorización del pequeño productor frente a las grandes corporaciones.
- Salud del planeta: Prácticas que aseguran la viabilidad del viñedo para las próximas generaciones.
