Viticultores Independientes de Rioja (VIR) no es solo una sigla; es la unión de 38 proyectos que han decidido poner su nombre, su apellido y su pueblo por delante de las grandes marcas comerciales. Procedentes de 18 municipios distintos de las tres subzonas (Rioja Alta, Alavesa y Oriental), estos bodegueros son los guardianes de un patrimonio vitícola único que ahora desembarca en Madrid el próximo 2 de marzo.

Los 38 rostros de la independencia
Lo que hace especial a este grupo es que todos comparten un denominador común: el control total. Son viticultores que cultivan sus propias uvas, las miman durante todo el año y las vinifican en sus propias bodegas. Aquí no hay «compras de uva» masivas; hay parcelas con nombre propio.
Entre los integrantes de VIR encontramos nombres que ya son leyenda y jóvenes talentos que están redefiniendo el prestigio de Rioja:
- Los pioneros y referentes: Figuras consagradas como Abel Mendoza, Miguel Merino, Juan Carlos Sancha (con su proyecto de recuperación de variedades) o Abeica.
- La vanguardia de la Sonsierra y Rioja Alta: Proyectos que buscan la máxima finura como Alegre & Valgañón, Artuke, Cupani, Exopto, Sínodo, Víctor Asuejo, Sierra de Toloño o los Vignerons de la Sonsierra.
- El alma de Rioja Alavesa: Representada por la autenticidad de Altún, Gil Berzal, Las Orcas, El Mozo Wines, Viña Ane, Bodegas Eguiluz, Anza y Jesús Mendoza.
- Innovación y nuevos horizontes: Elaboradores que están en boca de toda la crítica internacional como Oxer Bastegieta, Olivier Rivière, Álvaro Loza, Área Pequeña, MacRobert & Canals, Bárbara Palacios, Carlos Mazo, Elena Corzana, Alonso & Pedrajo, Dani Resa, Betolaza, Familia Quintana, GR99, Gross, Jade, Temerario, Tierra Valcuerna y Arizcuren.
Un mosaico de 18 pueblos
Este grupo es la voz de los pueblos. No venden «Rioja» como un concepto genérico, venden la identidad de sus municipios: desde la frescura calcárea de Villabuena, Samaniego o Elciego, hasta la elegancia atlántica de San Vicente de la Sonsierra, Ábalos o Briones, pasando por la fuerza y el sol de Logroño, Quel o Aldeanueva de Ebro.
Son proyectos que no buscan llenar lineales de supermercado, sino emocionar en la mesa de un restaurante o en la copa de un coleccionista. Son los que pisan el barro, los que sufren con las heladas y los que, el próximo 2 de marzo en el Espacio Jorge Juan de Madrid, servirán personalmente sus vinos para explicar por qué su viñedo es único.
