Tradición y modernidad se unen en Bodegas Vallobera

La firma nació en 1990 con el objetivo de alcanzar la máxima calidad en sus vinos.

Cuando decidieron poner la primera piedra, hace ya más de veinticinco años, el entorno y el peso de la tradición marcaron cada paso que dieron. Las generaciones que les precedieron ya habían colaborado en la concepción de su sueño. Ellos lo pusieron en pie y le enseñaron a caminar. Javier San Pedro Rández, descendiente de viticultores, decidió en 1990 crear Bodegas Vallobera junto a Ana Ortega, siendo el primero de la familia San Pedro en embotellar sus vinos. Se trata de una bodega familiar cuyo principal objetivo es alcanzar la calidad en sus vinos.

Vallobera comenzó comercializando vinos jóvenes, de elaboración clásica de Rioja Alavesa, pero fue dos años después cuando decidieron dar un impulso a sus vinos. Empezaron a envejecer sus caldos. La primera partida fue de 100 barricas. En su interior se gestó el primer Vallobera crianza de esa misma añada. El esfuerzo, el trabajo, la espera y el atrevimiento se ven recompensados. Vallobera es el resultado de este conjunto, un proyecto personal e ilusionante dedicado a crear vinos absolutamente únicos.

Situación de sus viñedos

Desde el principio su gran apuesta fue la viña. Las plantaciones propias que pasaban de los 50 años de antigüedad, poco a poco se sumaron a nuevos terrenos elegidos con visión de futuro, optimizados posteriormente al tipo de uva que albergaron. La base de sus caldos se encuentra en la idoneidad de cada parcela. Sus propiedades marcan la posterior elaboración de su gama de vinos.

Las viñas se encuentran casi en su totalidad en la subzona de Rioja Alavesa, a la sombra de la Sierra de Cantabria que las protege de los rigores del las tormentas norteñas. Se ubican en los términos de Leza, Elvillar, Páganos, Navaridas, Elciego y sobre todo Laguardia, con edad media del viñedo de unos 30 años. Su altura varía desde los 500 hasta los 650 metros sobre el nivel del mar. Las más altas plantaciones van buscando la calidad en detrimento de la cantidad, con características mucho más diferenciadas que permiten confeccionar vinos más personales.

Siempre se han preocupado por mantener el equilibrio entre la herencia recibida y los nuevos y tecnológicos tiempos. Olvidar todo lo heredado sería un error mayúsculo y no aplicar avances y técnicas modernas lo sería también. En un mundo como el del vino donde participan tantos actores y cuyo guión es tan imaginativo, se debe prestar la máxima atención a lo pasado y adivinar lo futuro.

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