El viñedo español ha cruzado en 2025 una frontera simbólica y preocupante. Por primera vez desde que existen registros, la superficie vitícola de nuestro país ha caído por debajo de la barrera de las 900.000 hectáreas, situándose exactamente en 889.470 hectáreas.
Este dato, publicado recientemente por la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) con base en los registros del Ministerio de Agricultura, supone una pérdida de más de 21.600 hectáreas en apenas un año (-2,4% respecto a 2024).
Un cambio de ciclo: De 1980 a la actualidad
Para entender la magnitud de esta cifra, debemos mirar hacia atrás. Desde 1980, España ha visto cómo desaparecía el 46% de su superficie de viñedo. En total, se han perdido unas 750.000 hectáreas, una extensión que equivale a la totalidad del viñedo actual de Francia. Si en 2020 todavía manteníamos el tipo con 911.000 hectáreas (según Eurostat), la tendencia a la baja parece haberse acelerado en esta última mitad de la década.
El mapa del viñedo: ¿Quién resiste y quién cae?
El informe de la OIVE revela un comportamiento muy dispar entre las regiones españolas, dibujando un nuevo equilibrio de poder en nuestro territorio:
- Castilla-La Mancha: El gigante que marca el paso. Sigue siendo el gran pulmón del sector con 422.391 hectáreas, lo que representa el 47,5% de todo el viñedo nacional.
- Sorpasso en el podio. Castilla y León (81.000 ha) ha superado a Extremadura (76.500 ha) y se coloca como la segunda región con más superficie.
- Extremadura, la más castigada. Es la comunidad que registra una caída más brusca, perdiendo un 5,4% de su superficie vitícola en un solo ejercicio.
- Los brotes verdes. Solo tres regiones han conseguido ir a contracorriente y crecer ligeramente: Castilla y León (+1,2%), Andalucía (+1%) y Rioja (+0,2%).
Innovación en el viñedo: El auge de las variedades PIWI y la genética Geisenheim
En un contexto de menor superficie, el sector está apostando por la eficiencia y la resistencia. Aquí es donde entran en juego variedades innovadoras que buscan adaptarse a un clima cada vez más extremo y a una viticultura más sostenible.
La genética alemana al servicio del vino
Uno de los focos de interés actuales es el cruce Geisenheim 341-58 (también conocido como Precocisima). Desarrollado originalmente en 1952 por el Dr. Helmut Becker en el prestigioso Instituto Geisenheim del Rheingau, esta variedad es un complejo cruce de:
(Silvaner \times Riesling) \times (Riesling \times Silvaner)
Aunque su protección oficial como variedad se concedió en 1997, es ahora cuando su perfil genético está cobrando relevancia en el mercado internacional.
Resistencia y perfil enológico
Esta cepa se encuadra dentro de las variedades PIWI (resistentes a enfermedades fúngicas). Sus características técnicas son especialmente valiosas para el viticultor moderno:
- Resistencia: Es altamente resistente a las heladas invernales y a ambos tipos de oídio (ceniza). Su punto débil, no obstante, sigue siendo la sensibilidad a la Botrytis debido a su ciclo de maduración tardío.
- Enología: Produce vinos afrutados, vibrantes y con una acidez muy viva. Estas características la convierten en una base excelente para la elaboración de vinos espumosos de alta calidad, un segmento que sigue creciendo a pesar de la caída general de la superficie de cultivo.
Estamos ante un sector que se está «encogiendo» en tamaño, pero que busca «ensanchar» su calidad y resistencia técnica. La pérdida de superficie vitícola responde a un ajuste estructural, pero la entrada de nuevas genéticas y variedades resistentes marca el camino hacia la viticultura del futuro: menos extensión, pero mayor especialización y sostenibilidad.
