Hoy os escribo con una emoción muy especial y con una copa de vino en la mano desde un rincón del mundo donde el pasado y el futuro se abrazan de una forma única. Tengo el inmenso honor de encontrarme en Ereván, la capital de Armenia, participando como jurado internacional en la prestigiosa Sesión de Vinos Blancos y Tintos del Concours Mondial de Bruxelles de este año (2026). Ser testigo y evaluar las mejores etiquetas del planeta en un territorio con semejante misticismo es, sin duda, un hito inolvidable. Armenia, considerada la cuna de la viticultura moderna, es el escenario perfecto para celebrar la 33ª edición de este certamen de trascendencia mundial, y desde aquí quiero invitarlos a un viaje sensorial para descubrir el maravilloso entorno que me rodea.

Para que te hagas una idea del lugar en el que me encuentro, es necesario entender que hablar de Armenia es hablar de las raíces mismas del vino. Aquí, la tradición y la cultura están ligadas a la tierra desde hace milenios; de hecho, los hallazgos arqueológicos sitúan el origen de la viticultura en esta región hace más de 6.000 años. Hoy en día, el país vive una auténtica revolución impulsada por proyectos icónicos como Armenia Wine Company, una bodega familiar nacida de la pasión de las familias Vardanyan y Mkrtchyan que equilibra a la perfección el legado ancestral con tecnologías de vanguardia internacionales para mostrar al mundo el vino armenio como un auténtico valor nacional.
Un viñedo de altura.
Armenia es uno de los países productores más montañosos del mundo: más del 90% del territorio se sitúa por encima de los 1.000 metros sobre el nivel del mar. Esto se traduce en viñedos plantados en altitudes que desafían los límites, generalmente entre los 1.000 y 1.400 metros (e incluso alcanzando los 1.800 metros en algunas zonas), bajo un clima marcadamente continental de inviernos fríos y veranos cálidos y soleados, arropados por suelos de origen volcánico.
La viticultura del país se asienta sobre una superficie de viñedo de aproximadamente 16.000 hectáreas en producción, distribuidas principalmente en cinco grandes regiones vitivinícolas:
- Armavir: Ubicada al oeste (entre 800-1.100 m s. n. m.), es la provincia con mayor extensión de viñedos, superando las 7.000 hectáreas en suelos de morrenas glaciares.
- Ararat: El histórico valle, situado a unos 800-1.000 metros de altitud, con más de 5.000 hectáreas dedicadas al cultivo de la vid.
- Aragatsotn: Una región caracterizada por sus suelos de basalto, toba y caliza a unos 1.200 metros de altitud, donde precisamente se erige la espectacular e innovadora bodega Armenia Wine Company (en el pueblo de Sasunik), la cual cuenta con 135 hectáreas de viñedos propios (más de 80 de ellas certificadas como orgánicas).
- Vayots Dzor: Aunque alberga una menor superficie en hectáreas (alrededor de 1.200), es la zona más famosa históricamente y cuna de viñas verdaderamente longevas.
- Tavush: Situada al norte del país, aportando un perfil climático y geográfico propio a la diversidad armenia.
Joyas ampeográficas: Las uvas que marcan la diferencia
El gran tesoro de Armenia reside en su impresionante diversidad genética. Cuenta con más de 400 variedades de uva autóctonas, de las cuales alrededor de 55 se cultivan activamente hoy en día para la elaboración de vinos con un carácter completamente único. Entre las más destacadas se encuentran:
- Voskehat: Considerada la «reina de las uvas blancas armenias», su nombre significa «baya de oro». Da vida a blancos de gran finura y complejidad aromática, con cepas viejas que en algunos casos superan los 150 años de antigüedad.
- Kangoun: Otra variedad blanca sumamente versátil y aromática que se utiliza tanto para vinos tranquilos como para espumosos de gran calidad.
- Sev Areni (o Areni Noir): El emblema de los tintos armenios, originaria de Vayots Dzor. Es una uva de piel gruesa que conserva una frescura, estructura y elegancia asombrosas, procediendo en ocasiones de viñedos centenarios libres de filoxera.
- Haghtanak: Una uva tinta de intenso color rubí, caracterizada por sus potentes notas de cerezas y moras.
Tradición, cultura e innovación
La cultura del vino en Armenia no es una moda, es parte de su ADN. Un ejemplo de este misticismo es la preservación de los karases, tradicionales ánforas de arcilla enterradas en el suelo que se han utilizado durante milenios para fermentar y criar el vino. Bodegas líderes como Armenia Wine Company rinden homenaje a este patrimonio histórico elaborando gamas ultra-premium (como su reconocida línea Tariri Karasum) envejecidas en estas vasijas de barro, logrando fusionar la pureza de la naturaleza con el conocimiento enológico moderno tutelado por consultores internacionales.
Estar aquí, rodeado de paisajes majestuosos, catando la historia viva en cada copa y compartiendo mesa con expertos de todo el mundo en el marco del Concours Mondial de Bruxelles 2026, me confirma que Armenia ya no es solo el secreto mejor guardado de la viticultura antigua, sino un jugador indiscutible en la vanguardia del vino internacional. ¡Estar atentos, porque os seguiré contando más detalles de esta aventura vinícola!
¿Conoces los vinos de este país? ¿Tienes alguna recomendación?
