Aprovechando que estamos en épocas veraniegas y que el ritmo de actualidad nos da una tregua, me apetece salirme un poco del guión habitual para analizar los vinos de celebración mundial. La segunda estrella de nuestra selección de fútbol nos ha dejado imágenes eufóricas, pero mis ojos se han ido directamente a las copas. Me resulta fascinante diseccionar la brecha entre las etiquetas de culto descorchadas por los jugadores y las joyas jarreras que siempre acompañan a nuestro seleccionador, Luis de la Fuente.
El lujo global de los jugadores en los vinos celebración mundial
Por un lado, el centrocampista Marcos Llorente compartió fotografías donde en la celebración brindaban con auténticos unicornios del mercado internacional. Estamos hablando de perfiles donde el posicionamiento de marca y la exclusividad dictan las reglas del juego.
En consecuencia, vemos cómo se decantan por el prestigio consolidado de Borgoña y la Champaña. Estas elecciones, aunque impecables a nivel técnico, nos hablan de una macroeconomía vinícola diseñada para la ultra-especulación.
Las botellas de Llorente
A continuación, desgrano las referencias francesas que protagonizaron el festejo, joyas de tiradas muy limitadas y precios altos:
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Salon «S» Le Mesnil Blanc de Blancs Brut 1997 (Aprox. 1.500€ – 2.000€): Un champagne de culto elaborado 100% con Chardonnay de un único Grand Cru. Solo se embotella en añadas excepcionales. Ofrece una acidez incisiva, una fracción aromática basada en frutos secos y una tensión en boca que desafía las décadas.
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Domaine Coche-Dury Meursault 2016 (Aprox. 1.200€ – 1.500€): El blanco de Borgoña más codiciado. Se caracteriza por una viticultura de precisión obsesiva y su famosa nota de reducción noble (fósforo). Su integración de la madera y su volumen en boca son una clase magistral de enología.
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Louis Roederer Cristal Brut (Aprox. 280€ – 320€): El icono por excelencia del lujo líquido. Originalmente creado para los zares, este ensamblaje de Pinot Noir y Chardonnay busca siempre la madurez fenólica perfecta, resultando en un espumoso de burbuja milimétrica y textura sedosa.
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Maison Krug Vintage (Aprox. 350€ – 450€): A diferencia de otros, Krug fermenta siempre en pequeña barrica de roble. Esto le confiere una estructura oxidativa controlada, una tremenda vinosidad y un equilibrio tánico inusual en un espumoso.
Luis de la Fuente y la defensa del territorio jarrero
Por otro lado, la figura del seleccionador ejerce de contrapeso perfecto. Luis de la Fuente, jarrero militante, no pierde ocasión para ejercer de embajador del Barrio de la Estación de Haro. Sus apariciones públicas son un escaparate de incalculable valor para la supervivencia de nuestro sector primario.
Asimismo, esta lealtad al terruño es un impulso directo al desarrollo rural. Detrás de las botellas que defiende el técnico hay familias, viñedo histórico y un relato que se pierde en el tiempo.
Los clásicos de Haro: Enología de guarda a precio real
Frente a la burbuja de precios francesa, las elecciones habituales del seleccionador demuestran que la excelencia técnica no tiene por qué ser inalcanzable:
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Prado Enea Gran Reserva – Bodegas Muga (Aprox. 75€ – 85€): Un compendio de clasicismo y frescura. Uvas procedentes de los viñedos de mayor altitud (Sajazarra, Cellorigo) que garantizan una acidez total brillante. Crianza larga y reposada para un vino de textura aterciopelada y enorme potencial de guarda.
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Gran Reserva 904 – La Rioja Alta, S.A. (Aprox. 70€ – 80€): Tempranillo y Graciano ensamblados con precisión quirúrgica. Destaca por su limpieza olfativa, su clásica nota de ebanistería fina y una estructura en boca ágil, sin estridencias. Un triunfo de la paciencia en bodega.
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Viña Tondonia Tinto Gran Reserva – R. López de Heredia (Aprox. 130€ – 150€): La resistencia de la tradición. Con una larguísima crianza oxidativa en barrica vieja, este vino es un ejercicio de estabilización natural. Complejidad máxima, notas terciarias profundas y una tipicidad innegociable.
La Perspectiva
En conclusión, este contraste festivo nos deja una lectura de mercado rotunda. Mientras el mercado internacional rinde pleitesía y paga miles de euros por la Borgoña y el Champagne, nuestros grandes vinos de guarda siguen ofreciendo una relación calidad-precio imbatible.
Por tanto, el reto de nuestras bodegas no es hacer mejor vino, sino aprender a posicionar el valor de origen. Necesitamos que el prestigio de nuestra viticultura heroica y tradicional alcance, en la mente del consumidor global, el mismo estatus que los mitos franceses para asegurar la viabilidad del agricultor local.
Preguntas Finales
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Viendo la diferencia abismal de precios, ¿está la alta gama riojana infravalorada en el mercado internacional en comparación con Borgoña o Champagne?
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¿Creéis que el sector del vino español aprovecha lo suficiente el escaparate de figuras públicas como Luis de la Fuente para impulsar el desarrollo rural? Te leo abajo en los comentarios.

