Este artículo es una continuación del anterior, en el que abordamos la evolución cronológica del emblemático barrio de bodegas de Quel (La Rioja), un enclave patrimonial del que todavía queda mucho por contar.

Primeras referencias documentales en el siglo XV
A finales del S. XV aparecen las primeras referencias documentales de la existencia de bodegas en Quel, recogidas en el inventario del señor de Quel, Don García Sánchez de Alfaro II.
En 1537, según el catastro de la época, había en Quel 34,2 hectáreas de viñedo.
Radiografía histórica: Catastro de Ensenada y Pascual Madoz
Entre 1750 y 1752, el Catastro del Marqués de la Ensenada, se reconocen multitud de datos que nos permiten hacernos una idea de lo importante que era el barrio bodegas para el municipio de Quel.
El catastro habla de 224 bodegas (divididas en 3 barrios), para 338 vecinos y 542 hectáreas de viñedo. Entre los vecinos, 146 son agricultores.
Se producían 54.785 cántaras (876.560 litros), lo que se considera uno de los núcleos productores de vino más potentes e importantes de La Rioja.
El cabildo de la catedral de Calahorra tenía viñas, bodega y producción de casi de 30.000 litros de vino.
La obra de Pascual Madoz en 1850 y 1851 nos indica que el número de bodegas del barrio era superior a 350.
Vino y literatura con Bretón de los Herreros
El dramaturgo queleño, Don Manuel Bretón de los Herreros, describe en su obra este peculiar barrio, “Al margen opuesto hay otra peña paralela a la ya citada, no tan alta, pero más tratable, y, por tanto, que fácilmente y a poca costa, ha podido labrarse en ella sobre trescientas bodegas, número casi igual al de los vecinos, y algunas muy espaciosas…”
Como curiosidad, Don Juan Bretón, abuelo paterno de D. Manuel Bretón de los Herreros, tenía una producción más de 2.000 litros de vino.
La arquitectura tradicional del vino por gravedad
Hoy en día, cada vez más bodegas se diseñan para trabajar con la uva, el mosto y el vino por gravedad, evitando que el vino se oxide por el uso de las bombas. En el barrio de bodegas está instaurado este sistema desde hace 200 años.
A partir de mediados del S. XIX se consolidó el sistema técnico del barrio, las uvas se transportaban a hombros o en caballerías hasta la parte superior del cerro, donde se descargaban directamente a través de unos respiradores u orificios llamados “luceras”, que conectaban con los grandes lagos de mampostería situados en el interior de la cueva, aprovechando la fuerza de la gravedad para pisar y fermentar sin dañar el mosto.
Saludos y buenos vinos para tod@s.
ZURRA, EL ALQUIMISTA DEL VINO
Espacio de debate abierto ¿Conocías el uso de las «luceras» y la elaboración por gravedad en los barrios históricos de bodegas? ¿Qué elementos consideras prioritarios para conservar este patrimonio subterráneo? Te invitamos a compartir tus valoraciones en la sección de comentarios al final del post.
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