«Quien siembra utopía cosecha realidad.» Carlo Petrini lo decía con convicción, y lo demostró durante cuarenta años de trabajo. El fundador de Slow Food ha fallecido el 21 de mayo en Bra, Italia, a los 76 años. Con él se va uno de los pensadores que más han influido en la manera en que el mundo entiende la relación entre la alimentación, el territorio, los productores y la justicia social. Y por extensión, en la manera en que el mundo del vino ha aprendido a hablar de origen, de identidad y de responsabilidad.

Petrini fundó Slow Food en 1989 como respuesta directa a la apertura de un McDonald’s junto a la escalinata de la Plaza de España en Roma. Lo que empezó como un manifiesto gastronómico italiano se convirtió en un movimiento global presente en más de 160 países, con más de 2.000 comunidades alimentarias locales. Asimismo, fundó el encuentro internacional Terra Madre —que reúne a productores, agricultores y artesanos del alimento de todo el mundo— y la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo, la primera universidad del mundo dedicada a la gastronomía entendida como ciencia, cultura y política. Para el sector vitivinícola, Slow Food fue la primera voz que articuló con rigor la defensa de las variedades autóctonas, los viñedos históricos y los productores pequeños frente a la estandarización industrial del vino.
El legado que nos deja en el viñedo y en la copa
La influencia de Petrini en el vino es difícil de medir con precisión, pero es enorme. La filosofía Slow Food —bueno, limpio y justo— permeó el lenguaje del vino natural, la viticultura ecológica y biodinámica, y el movimiento de recuperación de variedades en peligro de extinción. La Guía Vini d’Italia de Slow Food se convirtió en referencia internacional para el vino artesanal italiano. Y sus ideas sobre la cadena de valor alimentaria —que el productor debe recibir un precio justo por su trabajo— resonaron en debates que hoy siguen siendo urgentes en el sector vitivinícola español y europeo. En definitiva, cada vez que un viticultor decide no arrancar una cepa vieja de variedad desconocida porque «tiene valor», hay algo de Petrini en esa decisión.
¿Sabías que…?
Carlo Petrini nació en Bra, Piamonte, en 1949, y murió en la misma ciudad donde fundó Slow Food. Estudió sociología, fue militante político en su juventud y periodista gastronómico antes de convertirse en el activista alimentario más influyente del siglo XX. En 2004, la revista Time lo incluyó en su lista de los «Héroes europeos» del siglo. En 2013 fue nombrado Mensajero de la Paz por la ONU. Nunca dejó de considerarse, ante todo, un hombre del campo.
«Quien siembra utopía cosecha realidad.»
— Carlo Petrini
Desde Junguitu queremos reconocer la figura de Carlo Petrini como uno de los pensadores que más han contribuido a que el vino sea algo más que una bebida: un vehículo de cultura, de territorio y de justicia. Su trabajo sigue siendo una brújula para todos los que creemos que la forma en que producimos y consumimos alimentos y vino es una decisión política. Descanse en paz.
